Ya no estoy aquí

Ilustración: Nancy Baltazar

Por: Luis Minutti 

Después del desabrido sabor que me dejó la más reciente temporada de Narcos México y luego del hastío del estúpido romanticismo del desenlace de La Casa de Papel, me dispuse a buscar en Netflix nuevo contenido en español. No me motiva el show Club de cuervos. Quién mató a Sara apesta a telenovela. Me quedé dormido dos veces intentando ver una película que se llama Güeros. Valiosos minutos perdidos en el menú me recompensaron con la película mexicana “Ya no estoy aquí”. 

Ulises, el protagonista de la historia, es un joven de 17 años de Monterrey, Nuevo León, México, amante de la música “Kolombia”, un estilo de cumbia que ha florecido en esa región. Ulises pasa sus días entre bailes y cotorreos con su banda, los “Terkos”.

La historia se complica cuando miembros de otra banda de su vecindario son asesinados a sangre fría y Ulises se ve obligado a emigrar a Nueva York temporalmente para mantenerse a salvo.

La película ocurre en el contexto de la “guerra” contra el narco que neciamente mantuvo el entonces presidente de México, Felipe Calderón. La narrativa en dos tiempos nos acerca a la vida de Ulises antes y después de emigrar. 

La historia de Ulises no podría ser más distinta de la mía. El centro de México, muy diferente del norte. La violencia en mi vecindario, reducida a robos personales, de casa o automóvil. Mis condiciones de privilegio, muy contrastantes a las suyas. Gustos musicales divergentes, preferencias desiguales en moda, talentos dispares para el baile.

Aún así, puedo encontrar lugares comunes en nuestra historia. Ambos forzados al desarraigo, tratando de navegar una cultura que apenas conocemos. Desconectados, confundidos, aislados. Aferrados a todo lo que nos mantenga siendo nosotros mismos. Encadenados a nuestra vida pasada mientras la vida presente nos reta a reinventarnos. 

Yo también, al igual que Ulises, puedo recordar un reproductor de mp3 como el recipiente de mis sueños y fortalezas. Para él, el aparato representa un tesoro invaluable que le conecta con lo más valioso de su ser. Ese tuu-tutu-tuu-tutu-tuu-tutururiruriruuu de las cumbias “rebajadas”, que le mueven el cuerpo y el alma. Una máquina del tiempo que le transporta a días mejores con los terkos, que le extrae de su miserable realidad inmediata y le trae a la memoria el sentido de pertenencia que tanto añora. 

La película es protagonizada por no actores, lo que le da un realismo único. Y si crees que sabes bailar, espera a que veas a estos chavitos en acción.

Las temáticas de la identidad y la migración ocurren en un escenario crudo, minimalista y natural. Es una mirada a una realidad particular del mexicano y también un guiño al latino en un mundo dividido.

Está disponible en Netflix y para los fans del filme, les invito también a ver el especial comentado por Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, quienes hablan muy bien de la película destacando su originalidad y sensibilidad artística. Y a ti, ¿qué te transporta cuando ya no estás aquí?

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