¿Viajes al espacio para todos?

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La historia de la aviación puede verse como antigua o muy antigua. Depende, por supuesto, de dónde quiera uno empezar, si desde las primeras cometas y globos aerostáticos de la antigua China, el descubrimiento del hidrógeno y globos dirigibles o máquinas más pesadas que el aire. La mayoría de nosotros, sin embargo, hemos escuchado la versión abreviada de la historia. Aquella que involucra a dos emprendedores, dueños de una tienda de bicicletas: los hermanos Wright. La historia los reconoce como los primeros en construir y volar con éxito un avión motorizado. Su trascendental vuelo del 17 de diciembre de 1903 duró solo unos segundos. No obstante, las condiciones estaban dadas para el rápido desarrollo que siguió en la industria: sólo diez años después, se estaría programando el primer vuelo de una aerolínea comercial. Pero no nos detuvimos ahí. En julio de 1969 llegamos a la Luna.

En solo 66 años, pasamos de unos pocos segundos separados del suelo, a poder volar a todas partes, y luego llegar a la Luna. ¿Y qué pasó después? Los comentarios de Buzz Aldrin para un artículo de 2012, MIT Technology Review lo resumen todo: «Me prometiste colonias en Marte y, en cambio, obtuve Facebook» (Buzz Aldrin es uno de los tres astronautas que forman parte de la Misión Apollo 11. Es el segundo hombre que caminó sobre la Luna).

Se podría argumentar que ha habido poco que presumir en la exploración espacial en los 50 años transcurridos, especialmente si se compara con el rápido desarrollo de la industria aeronáutica a principios del siglo XX. Para ser justos, en ese momento podrías haber sido dueño de una pequeña tienda y dedicar tu tiempo libre a jugar con máquinas voladoras. Hoy en día, países enteros se lo pensarían dos veces antes de comprometer el tipo de recursos necesarios para la exploración espacial. Enviar sondas a Marte, descubrir exoplanetas y construir estaciones espaciales no son logros triviales. Sin embargo, no han podido capturar la imaginación con la misma intensidad que los primeros viajes al espacio. Pero las cosas están a punto de cambiar.

La primera carrera espacial se inició por la rivalidad entre dos superpotencias en medio de la Guerra Fría. La segunda es la carrera de los multimillonarios. Virgin Galactic, Space X y Blue Origin son las compañías de Richard Branson, Elon Musk y Jeff Bezos respectivamente. Si bien ellos se inspiraron en las misiones Apollo, sus metas son aún más ambiciosas. Su visión es hacer que el espacio sea disponible para todos, inspirar a una nueva generación de soñadores y, eventualmente, convertir a los humanos en una especie multi-planetaria. Fundada en la década de 2000, las tres empresas lograron grandes hitos en 2021. El 11 de julio, Virgin Galactic se convirtió en la primera empresa privada en lanzar un astronauta no profesional al espacio. Richard Branson y tres de sus empleados volaron al borde del espacio, experimentaron ingravidez durante unos 3 minutos y regresaron sanos y salvos a la Tierra. Jeff Bezos hizo lo mismo unos días después. El 20 de julio, Blue Origin voló a cuatro personas (incluido Jeff Bezos) para pasar la línea de Kármán (50 millas), la altura más o menos reconocida como el inicio del espacio. Este vuelo incluyó al primer cliente con boleto pagado pago. Bueno, el primer cliente que paga de una empresa espacial independiente. El título del primer turista espacial pertenece al empresario estadounidense Denis Tito. En 2001 Tito pagó 20 millones de dólares por sus vacaciones de 8 días a la Estación Espacial Internacional.

Aunque SpaceX fue la tercera en enviar civiles al espacio, su misión fue más audaz. El 16 de septiembre de 2021, SpaceX lanzó Inspiration4, la primera misión al espacio enteramente tripulada por civiles. Los 4 astronautas no profesionales orbitaron la Tierra, durante cuatro días, a una altura de 360 millas. El objetivo de la misión era estudiar el cuerpo humano en el espacio y recaudar 200 millones de dólares para el St. Jude Children ‘s Research Hospital. Con mucho ingenio, dinero y valentía, estas empresas han redefinido, en menos de 20 años, lo que parecía una industria moribunda. Es difícil no sentirse emocionado por lo que puede ocurrir en los siguientes 20.

Una curiosa regla práctica atribuida al economista de Google, Varian Hal, y conocida hoy como la regla de Varian, afirma que «una forma sencilla de pronosticar el futuro es observar lo que los ricos tienen hoy; la gente de ingresos medios tendrá algo equivalente en 10 años, y la gente pobre, lo tendrá una década más tarde”.

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