Oye Caro ¿Cómo te va en Canadá?

Aclaración: ¡No me estoy quejando, todo lo contrario! Se trata del proceso de cambio, de la temporada.

Oye Caro, ¿Cómo te va en Canadá? 

Las últimas semanas han sido MUY pesadas para mí.

El 7 de febrero empecé a dar clases por la tarde de 6:30 p.m. a 8:30 p.m. para poder apoyar más al ingreso de mi familia. Es necesario porque Toño está estudiando la maestría y solo puede trabajar 20 horas a la semana, y después de algunos arreglos que hizo la UCW, le incrementó la carga de trabajos y reuniones académicas que necesita tener. Por lo mismo, los horarios para poder tener trabajo son muy irregulares. 

Vivir acá no es fácil. Los días empiezan temprano y terminan tarde. Llueve bastante y el clima es impredecible. Las cosas son muy caras, la comida más. De la renta, ni hablar. Usar transporte público duplica los tiempos de traslado, lo que normalmente toma usar automóvil propio se incrementa al 100%. La cultura es diferente. El sistema médico federal maneja tiempos extensos y muy prolongados para recibir atención con un especialista. Oscurece rápido y amanece después de las 7:00 a.m. 

Aún y con todo esto, vale la pena estar acá. 

Septiembre 2021. 1er salida en el Seabus a North Vancouver.

Me di cuenta que me estaba quejando de tener que trabajar cuando hay miles de personas que perdieron su empleo por COVID-19. Inclusive en México yo fui una de ellas en mi último trabajo formal. Me estaba pesando llegar a la casa a las 9:30 p.m. tres veces por semana y que la recepción en casa fuera una expresión de no haberme visto en todo el día (los niños). Esta es una temporada, que Dios mediante, pasará rápido. En seis meses más aproximadamente mis hijos hablarán el idioma con mucha fluidez entonces las lágrimas y el llanto quedarán atrás. 

Me estaba pesando y enojando tener que ser yo quien deja todo organizado desde el fin de semana anterior, dejar las cosas preparadas para que alguien hiciera de comer porque mi energía no me estaba alcanzando, hasta que me puse a pensar en la cantidad de gente que no tiene que comer, o las mamás que no tiene a quien cocinarle porque Dios lo llamó a sus esposos e hijos a su presencia. O los hijos que no tienen mamá porque Dios las llamó a su presencia también. 

Me estaba quejando de lo pesado que es ahorita estar acá para mí. Hasta que me puse a pensar en los latidos de mi corazón acelerados que esperaban a mis hijos cuando salían en la ciudad a comer o a algún otro lado de la Ciudad en México y hasta que volvían sentía que podía respirar bien de nuevo. 

En que no dejaba ir sola a mi hija al OXXO que estaba en la esquina de la colonia porque diario aparecían niñas en baldíos, o en casas abandonadas. O en las mayores que salían con las amigas a un bar y ya no volvían, apareciendo días después en condiciones que no creo como mamá poder jamás superar el dolor de perder a una hija así. Por lo menos una publicación al día de algún conocido buscando a una hermana, a una prima, a una tía…a una mamá. 

Claro, aquí también hay inseguridad. Hay gente que roba. Hay gente enferma, drogada en la calle. Fuman marihuana sin reparo (huele asqueroso, que asco de olor). Hay muchos homeless que caminan por las calles y usan los trenes como vestidores personales, con sus vidas en maletas personales o en bolsas de plástico. Ahí les cabe todo lo que poseen. Hay gente que busca aprovecharse de los demás, en especial de los que llegan con el sueño de una mejor vida acá y les rentan lugares en condiciones no muy favorables, en lo que se establecen. Hasta entre los mismos mexicanos hay mala vibra a veces, en lugar de impulsarnos hay mucha gente que solo está viendo cómo criticar o atacar a los demás (en los grupos de facebook se da mucho eso).

West Hasting Street. Esto lo veo todos los dias cuando voy al trabajo.

Pero mi hija de 12 años toma el bus sola todos los días, va y viene a la escuela sin problemas. Mi hija de 22 sale con sus amigas y regresa en el skytrain a las 11:30 p.m. acompañada de muchas otras personas que hacen lo mismo. Mi hijo de 15 años sale a la escuela solo, regresa y ahora empieza a salir con sus amigos igual tarde, tomando el bus a las 10:30 p.m. en la estación que está a un kilómetro de casa y lo deja dos calles arriba. 

Y entonces me puse a pensar: ¿me regresaría a México? 

Por primera vez en mi vida tengo un trabajo en el que el ambiente es genuinamente capaz de impulsar siempre a los demás hacia arriba. Nadie está cuidando su hueso. Cada quien se encarga de lo suyo, y no del riesgo que implica que haya gente igual de preparada que uno. Hay una estima y expresión de admiración por todo lo que he logrado hacer profesionalmente hablando en mi rol de liderazgo. Las cosas no se toman de manera personal cuando se observa que los procesos pueden ser mejores, se busca una solución y no culpables. 

24 Diciembre 2021. Trabajando como maestra auxiliar (substitute) en ILSC.

Estoy yendo a un gimnasio en el que se respeta tanto a las personas, que no está permitido usar el celular en el piso del gimnasio para no incomodar a otros, y mucho menos en los vestidores. 

Las quejas contra el gobierno y el sistema mayormente son por las mascarillas, por las vacunas, por los sistemas de autoridad que no siempre está uno dispuesto a seguir, por si la persona es liberal o conservadora, por si el pasaporte de vacunación, por si los precios de las casas son caros… y regreso a leer las noticias de mi país, el Twitter, el Facebook, las redes sociales que se quejan del presidente de México pero no solo de eso, de los grupos armados, de la mafia del crimen, de los carteles de drogas, de los feminicidios, de la crisis económica, de la corrupción….

Entonces, ¿nos regresamos a México? No, no lo creo. No, gracias. 

Por muy «mala» que sea la educación pública aquí (según los inconformes) es mucho mejor que la educación pública de allá. Por muy malo que sea el sistema médico de aquí, prefiero mil veces batallar con el de aquí que con la falta de medicina y abastecimiento del IMSS de allá. Por muy malo que sea el clima aquí, de qué me sirve un maravilloso clima de allá si da miedo salir con la familia a pasear. Por muy pesado que sea usar el transporte público de aquí, por lo menos no voy muerta de miedo de que me vayan a asaltar. Por muy pesado que sea salir a trabajar todo el tiempo aquí… es la bendición de tener tanto trabajo que me permite proveer a mi familia, de aquí y de allá. 

Y así como ésta, he venido haciendo muchas reflexiones acerca de lo que significa hasta el momento vivir acá. Ya vamos para 6 meses, el tiempo ha volado. 

Si me has leido, gracias.

Me gusta compartir esta etapa de mi vida contigo.

Pilón de diciembre 26, la primer navidad blanca en Vancouver en MUCHOS años.

Seguramente habrá gente que me lea y sienta que estoy siendo arrogante o despectiva hacia mi país con lo que escribo. Tal vez habrá gente que lo vea como un acto de presunción. Esa no es mi intención. Es meramente hacerte partícipe de lo que pasa por la mente de una persona que dejó atrás su vida en México con la esperanza de empezar desde cero para poder seguir el llamado que Dios tiene para su vida, impactando a cuanta persona se pueda, y por supuesto ayudando a incrementar las oportunidades de un mejor futuro para sus hijos en el intento. 

Esa soy yo. 

Y ahora me voy, porque hay que llevar al de 15 al dentista, para que le arreglen el bracket que se le cayó. Si, aquí también pasan esas cosas.

Marzo 2022. 5:45am corriendo en Stanley Park.
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