Coexistir con la virtualidad, el dilema de las artes escénicas

Por Cristina Vázquez

Todo indica que la transmisión de las artes escénicas a través de diversas plataformas virtuales llegó para quedarse.

Incluso antes de la pandemia por coronavirus ya existían opciones para difundir las artes escénicas en el ámbito digital. Ejemplo de ello es Marquee TV, la cual funciona bajo suscripción de modo muy similar a como lo hace Netflix, para ofrecer las mejores producciones operísticas, dancísticas, musicales y teatrales del mundo.

Conciertos de la London Philharmonic Orchestra, puestas en escena de la Royal Shakespeare Company, obras del Teatro Bolshoi y del Teatro Real pueden verse, on demand, vía streaming en esta peculiar cadena de televisión.

Algunos programadores están desde años habituados a observar varias propuestas escénicas de manera digital, porque no siempre tienen la opción de viajar para conocer las creaciones in situ. El problema es que no todos los artistas y compañías cuentan con videos de alta definición, particularmente en América Latina.

Si bien es cierto que ver las obras en vivo no puede compararse con verlas en una computadora o en dispositivos móviles, hay que aceptar que la tendencia es, y será, la programación híbrida que incluye lo mismo la posibilidad de presenciar físicamente un concierto,  cumpliendo con las normas de sana distancia, y de escucharlo y mirarlo en línea, ya sea grabado o en tiempo real.

El panorama que enfrentan actualmente las artes escénicas me recuerda la época en la que me inicié en la gestión literaria. Entonces, la industria editorial se resistía a aceptar el auge del libro digital. Yo luché incansablemente a favor de e-book en Latinoamérica. Y hasta la fecha esta industria evidencia su conservadurismo al escribir sobre la pandemia, en lugar de generar productos a partir de la pandemia.

La industria cultural se ve obligada a usar su creatividad para ofrecer música, danza, teatro, ópera y otras propuestas multidisciplinarias mediante distintos modelos, que van más allá del mero esfuerzo de subir videos a la red, una práctica conformista que lamentablemente caracteriza a buena parte de la programación del Festival Internacional Cervantino.

De quien podríamos tomar el ejemplo es de la industria musical mainstream, de los festivales de música electrónica que han optado por la tercera dimensión, los hologramas y hasta los videojuegos para hacer atractiva su oferta virtual. Y también la industria cinematográfica se ha inclinado por escenarios novedosos, entre ellos, una presa. Ahí la audiencia verá los filmes desde pequeñas embarcaciones, como parte del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF).

El dilema es cómo hacer para que el público sienta que está viviendo una experiencia diferente, y no solo viendo un videoclip. Un ejercicio bien logrado fue el del festival de la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI) o el ANTI Festival, como se le llamó, y que tuvo lugar del 15 al 30 de junio pasado con la mayoría de las funciones en vivo y precios entre los 50 y los 150 pesos.

La experiencia personal que tuve con la planeación de la gira por Estados Unidos y Canadá de la Compañía Tania Pérez-Salas también resultó aleccionadora. A causa de la pandemia de COVID-19, de las cuatro sedes, dos cancelaron definitivamente: Nueva York, donde pagaron una penalización mínima, y Filadelfia, que no dio compensación alguna. En Victoria, Canadá logramos reagendar las presentaciones.

En cambio, el Mondavi Center, en California, pagó un 35 por ciento del presupuesto programado y a cambio la compañía envío un video de gran calidad de la coreografía 3.Catorce Dieciséis, a dos cámaras y con una edición especial, para que pudiera ser visto por el público, que ya había adquirido sus boletos para la función antes de que la pandemia obligara al encierro. Llevar las artes escénicas al espacio virtual demanda gran capacidad de reinvención y adaptación de los profesionistas involucrados en estas disciplinas. Ni duda cabe que la tecnología puede ser una gran aliada, el punto es cómo aprovechar este y otros recursos ahora que la difusión de la danza, el teatro, la ópera y otras artes vivas en las plataformas digitales formen permanentemente parte de nuestras vidas.

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