Las artes escénicas frente a la adversidad

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Por Cristina Vázquez

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Las artes escénicas han dado claras muestras de su capacidad para enfrentarse a la adversidad, se trate de crisis económicas o de la pandemia a causa del coronavirus. Siempre buscan espacios para seguir subsistiendo al tiempo que sus artistas contribuyen con su labor social.


Basta recordar el surgimiento de Microteatro en noviembre de 2009 en un antiguo burdel de Madrid, donde 13 habitaciones alojaron a 13 grupos independientes para presentar una obra teatral, de 10 a 15 minutos, compartiendo un mismo tema: la prostitución, par un público no mayor de 10 personas.


Microteatro tiene sedes cuando menos en cinco países en ciudades como Miami, donde las obras se representan lo mismo en inglés que en español, Bogotá y León, en el caso de México, demostrando su éxito pese a sus detractores.

El contexto en el que apareció este movimiento teatral estuvo marcado por la crisis económica en España, los recortes en cultura y el aumento del IVA que ocasionó la pérdida de espectadores y el cierre de numerosas salas.

Cristina Oñoro Otero, de la Universidad Complutense de Madrid, relata en su artículo Cuando el teatro es necesario: los nuevos formatos teatrales una década después (2009-2019) que durante los años siguientes al estallido de la crisis, la oferta de propuestas originales creció como la espuma en espacios no convencionales: casas, tiendas, azoteas, cárceles, peluquerías, viejos prostíbulos, porterías.

Y esas propuestas no se limitaron al Microteatro. Abarcaron también el teatro inmersivo, deambulatorio y teatro en serie. “Hemos de señalar también el éxito de público, el dinamismo de la programación, el precio reducido de la entrada así como el uso de las redes sociales y unas atractivas páginas web para la difusión y publicidad de los espectáculos”, opina Oñoro Otero.

La oferta de producciones de pequeño formato, aunque no es tan reciente, sí ha cobrado un nuevo impulso. Ocurre, por ejemplo, con Sofar Sounds, proyecto nacido en Londres en 2009, que organiza conciertos íntimos en espacios únicos en más de 400 ciudades a nivel mundial, entre ellas la Ciudad de México, Toronto o Chicago. Lo que lo hace interesante y atractivo es el mantener en secreto el lugar en el que se llevará a cabo el show. Se revela 24 horas antes, a través de un correo electrónico, en el que proporciona la dirección al público que ha sido seleccionado para asistir.

Tampoco se da a conocer el nombre de los músicos que tocarán en vivo, bajo la premisa de que a todo artista se le debería tratar con el mismo respeto, sea famoso o no. A veces también participan poetas, comediantes o bailarines. En algunas ocasiones hay que pagar entradas y, en otras, la audiencia hace una donación en efectivo al terminar el concierto. El artista bien puede recibir la producción de un video o un pago fijo o a cambio de su actuación.


Al principio sólo se organizaban conciertos de Sofar en las casas o departamentos de los anfitriones. Ahora los conciertos se celebran en oficinas, bodegas, galerías, museos y hasta barcos.


En Chicago, ciudad en la que radico, han generado cada vez mayor interés los conciertos conocidos como Candlelight, donde se pueden escuchar, literalmente a la luz de las velas en una atmósfera íntima, obras de compositores como Beethoven, Vivaldi o Chopin y recientemente una serie especial de compositores negros.

Se trata de una experiencia multisensorial en recintos inspiradores para disfrutar de la música clásica programada por FeverUp, una app cuyo objetivo es proponerle al usuario una lista de eventos personalizada que tienen lugar en algunas de las ciudades más cosmopolitas del mundo (Ciudad de México, Toronto, Montreal, Madrid, Nueva York, Londres, París, Barcelona, Los Ángeles).

A similitud de Sofar Sounds, la locación en la que tendrá lugar el concierto es revelada hasta el último momento. Puede ser una basílica, una catedral o una mansión, entre otros espacios, pero aquí también el aforo es reducido y eso garantiza una mayor cercanía con los intérpretes.

Estas producciones de pequeño formato pueden apegarse con facilidad a las normas de sanidad impuestas para evitar la propagación del COVID-19, como la de mantener una distancia adecuada entre espectadores. Lo que pone en evidencia, una vez más, cómo los trabajadores de las artes escénicas logran escabullirse de las crisis con propuestas creativas e innovadoras, a la vez que apuestan a la reactivación económica.


Como lo dije en un inicio, las artes escénicas siempre encuentran caminos para darle la vuelta a la adversidad, para generar conciencia y para buscar una vida más placentera. En esta era lo hacen, además, bajo modelos de inclusión, paridad de género y fácil accesibilidad. ¡La función debe continuar!

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